Notas Retro

La RAE y el video analógico (1989)

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EN BUSCA DEL LENGUAJE PERDIDO

Binormatear, palinizar y otras palabras que matan…

Investigación y texto: Juan Trasmonte

Somos nuevos. El video se inventa cada día, lo hacemos todos. Dentro de unos días, probablemente, la lectura de este texto y de algunas noticias para nosotros cotidianas sea motivo de carcajadas. Podrán decir, sí, muy bien, pero el video ya tiene diez años. Para una industria diez años de historia no es nada, para un fenómeno cultural, menos. Como todo universo en período de lactancia, el video tiene dos características sobresalientes. La inventiva es una de ellas, la necesidad de modelar estructuras. Se puede tener experiencia en marketing, pero en marketing aplicado al video no se puede ir más atrás de las fechas citadas. Del mismo modo se puede tener conocimiento de veinte años en la práctica de la crítica cinematográfica, pero el video no es b mismo y la crítica en video (si aceptamos b existencia de una crítica) tiene sus propios esquemas. Igualmente, un vendedor de una editora puede haber consagrado su vida a la venta, pero aquí difícilmente supere los cinco años de trabajo previo.

La segunda característica notable es la anarquía. El video, también por su condición de novel, no tiene casi precedentes en los que reparar. No existe, digamos, una jurisprudencia. Entonces se hace inevitable improvisar. ¿Y si no existe una palabra en castellano para definir el traspaso de una norma a otra? La inventamos. Justamente, este informe pretende acercarse al tema del lenguaje en el video. Nuestro idioma, tan castigado como nuestra economía, merece que lo tratemos un poco mejor, por eso veamos hasta dónde podemos llegar con este conglomerado de términos nuevos, qué es correcto y qué suena a pesadilla de Freddy.

Video. Del latín, ver

La palabra vídeo (así con acento) deriva del verbo latino video-vidi-visum y significa ver. Ahora bien, la Academia Argentina de Letras, no hace mucho, aceptó la forma video, sin acento y tal como se conoce en nuestro medio. Pero ¿qué sucede con un montón de palabras cuyo uso es habitual en el sector? Partamos de la base de que todo micromundo tiene su jerga propia. Habrá que plantearse hasta qué punto se puede avanzar en este sentido. El hecho de que el uso imponga ciertos términos no quiere decir que éstos sean correctos, aunque muchas veces la Academia acaba aceptando formas que popularmente se difundieron, como el caso de “la calor”. En el medio estamos habituados a leer, escuchar y decir términos como videofilm, videopelícula, videómano o vidéfilo. ¿Cuáles de estos términos son válidos y cuáles no?

La primera aclaración indispensable es que la última edición del diccionario de la Real Academia Española pertenece a 1984. Son prácticamente seis años y eso, para un fenómeno nuevo en el que, como decíamos, se agregan formas casi diariamente, es bastante. Consultado el tomo veinte del diccionario de la Real Academia Española que posee la Biblioteca Nacional, existe un punto importante de relación con el término video. Dice que es un prefijo compositivo de otras palabras referidas al vocabulario televisivo, como videocinta o videofrecuencia. Esto es primordial. La definición convalida un buen número de palabras que llevan el término video como prefijo. Analicemos algunos

La palabra casete fue aceptada como galicismo y se refiere a cassette, que significa caja pequeña. Originalmente es propio decir “la casete”, pero el uso entre nosotros lo divulgó como un término de género masculino. Entonces vale videocasete (sea el o la), pero sin doble ese ni doble te.

Videoclub se adoptó en España. Allí se comenzó a denominar vídeoclub a los locales de alquiler de videocasetes. Resulta curioso que en la madre patria el plural se forme del modo vídeoclubs, puesto que la voz inglesa club está aceptada en lengua castellana. Su plural es clubes. No habría objeción a videoclubes; tal como se los denomina en Argentina.

Con el término videofilm se plantea una duda. No se podría hablar de videofilm entendiendo el significado original de la voz inglesa film que lo identifica cómo una “banda película de acetocelulosa cubierta por una gelatina de bromuro de plata que se emplea en cinematografía y fotografía”. Ocurre que, por extensión, se denomina film a la obra artística contenida en ese soporte. Entonces podemos hablar de videofilm o videofilme (cualquiera de ambas formas es válida) o films en video.

Lo mismo se aplica para videopelículas. De ninguna manera es correcto, en cambio, hablar de la filmación de un video, dado que un video, por lo que se explicó anteriormente, no se puede filmar. Filmar es impresionar en el film, registrar sobre la película cinematográfica. Un video, que contiene cinta, del mismo modo que un programa de tevé, se graba. Este es uno de los errores más difundidos.

¿Vidéfilos o videófilos?

Respecto de los consumidores. ¿Son vidéfilos o videófilos; vidémanos o videómanos? En principio, tomando el prefijo video y sin existir una terminología emanada desde la Academia, ambas formas serían correctas para los dos casos, pero ¿cuál es mejor? Pasa sacarnos la duda consultamos a José Edmundo Clemente, escritor, ensayista, director de la Escuela de Bibliotecología y vicedirector de la Biblioteca Nacional durante la gestión de Jorge Luis Borges. Clemente prefiere vidéfilo a videófilo y vidémano a videómano, por su carácter eufónico, es decir su calidad sonora. Esto puede parecer una definición artística y no técnica. Al respecto, Clemente es terminante, señalando que “el idioma no lo hacen los oficinistas sino los escritores”.

También hemos escuchado y leído el término videometraje para definir un largometraje en video. Largometraje es un término cinematográfico que significa película larga, se comete un error. Un videometraje puede ser tanto corto como medio o largo. Mejor es utilizar las opciones citadas anteriormente: videopelícula o videofilm.

No existe objeción para términos tales como videograbador, videografía, videoteca.

La libertad lingüística en la materia y el mismo desorden producen otras desviaciones. Es común escuchar hablar de mailings y boxes. Cuando se maneja una terminología proveniente de otra lengua —en este caso el inglés— es natural que esto ocurra, pero generalmente para identificar palabras sin traducción. Para box existe estuche y mailing list es la lista de personas a la que se envía por correo material de propaganda. Puede parecer más distinguido emplear estos términos, pero se corre el riesgo de pasar de la elegancia al papelón. Hemos escuchado barbaridades como “las boxs”. A diferencia del castellano, caja en inglés es masculino y el plural se forma boxes. Del mismo modo se suele denominar mailing o mayling o mailin (¡horror!) a impresos que jamás pasarán por correo alguno. También hemos leído alguna palabra que demuestra una osadía sin límites. En un medio apareció el término binormatear para definir la operación mediante la cual una videograbadora original de norma NTSC es adaptada para ser utilizada también en PAL.

Lejos de ubicarnos en el rol del maestrito ciruela, que no nos corresponde, nuestro deseo fue buscar un cierto orden en un aspecto que consideramos importante y nunca había sido tratado. El premio Nobel Joseph Brodsky dijo que “el idioma es lo que prima, antes que la naturaleza o que Dios o que cualquier otra cosa”. Tal vez no sea para tanto, pero…

Fuente: Revista Video Para Usted (Diciembre de 1989)

 



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